Adiós a Carlos “Loco” Iglesias, histórico campeón del básquetbol chileno
El exjugador y entrenador falleció este sábado a los 70 años en Temuco. Llegado desde Argentina en 1977, desarrolló gran parte de su vida en Chile y alcanzó la gloria como técnico de Universidad de Temuco en la Dimayor y de Español de Talca en la Liga Nacional. Carlos Álvarez, entrenador y amigo del argentino, recordó la historia de su llegada a nuestro pais.
Equipo HDB · 6 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura

El básquetbol chileno está de luto. Este sábado 5 de septiembre se confirmó el fallecimiento, a los 70 años, de Carlos “Loco” Iglesias, histórico jugador y entrenador que durante casi cinco décadas construyó una estrecha relación con el baloncesto nacional y, particularmente, con la ciudad de Temuco.
De origen argentino y con sus primeros pasos deportivos ligados a General Roca, Iglesias llegó a Chile en 1977. Como jugador defendió camisetas como las de Unión Deportiva Española de Temuco, Salesianos de Valdivia y Universidad de Concepción, antes de comenzar una extensa carrera desde la banca. Con el paso de los años terminaría convirtiéndose en uno de los entrenadores más reconocibles del básquetbol chileno.
De jugador a dos veces campeón nacional como entrenador
Uno de los grandes momentos de su carrera llegó en 1994 con Universidad de Temuco. El conjunto de La Araucanía venía de conquistar la Dimayor la temporada anterior y, ahora bajo la conducción de Iglesias, consiguió el bicampeonato. En la final derrotó por 4-2 a Universidad de Concepción, que comenzaba por entonces a transformarse en uno de los grandes protagonistas del básquetbol nacional. Para Iglesias fue su primera corona como entrenador en la máxima categoría.
Tuvieron que pasar casi dos décadas para que “El Loco” volviera a levantar el máximo trofeo del país. En la temporada 2012-13 dirigió a Español de Talca a una campaña dominante en la Liga Nacional, en la que el conjunto maulino sufrió solamente dos derrotas en todo el campeonato. Tras superar por 3-0 a Osorno Básquetbol en semifinales, el “Quijote” se encontró con Boston College en la definición por el título.
Español ganó los dos primeros encuentros de la final como visitante y, después de caer en Talca, regresó a Santiago para cerrar la serie. El cuarto duelo se transformó en uno de los partidos más recordados de aquella temporada: David González convirtió un triple a ocho segundos del final para enviar el encuentro al tiempo extra y el equipo de Iglesias terminó imponiéndose por 102-96, sellando el campeonato por 3-1.
Su extensa carrera como entrenador también incluyó pasos por UDE de Temuco, Universidad Autónoma, Puente Alto, Ancud, Puerto Varas y CEB Puerto Montt, además de experiencias vinculadas a la selección chilena. Su forma apasionada de dirigir, su fuerte personalidad y su capacidad para motivar a sus planteles hicieron que el apodo de “Loco” terminara acompañándolo durante prácticamente toda su trayectoria.
Con su fallecimiento se despide uno de los personajes más reconocibles de varias generaciones del básquetbol chileno. Jugador, entrenador y dos veces campeón nacional desde la banca, Carlos Iglesias encontró en Chile —y especialmente en Temuco— el lugar donde construyó una historia que quedó ligada para siempre al baloncesto nacional.
La casualidad que trajo a Carlos Iglesias a Chile: el recuerdo de Carlos Álvarez
En diciembre pasado en una edición de Hablemos de Básquet, el entrenador y amigo de Iglesias, Carlos Álvarez, contó como se dio la llegada del argentino a nuestro país. Esta historia se enmarca además, en la redacción del libro "Iglesias Bendita Locura".
Carlos Iglesias tenía apenas 20 años cuando dejó Argentina. A esa edad ya había construido un currículum que lo situaba entre los jóvenes proyectos importantes del básquetbol trasandino.
“Tenía oferta para jugar en Ferro, para jugar en Atenas de Córdoba, para jugar en Estudiantes de Bahía. Había jugado dos veces en la selección juvenil y había jugado en un torneo en la adulta”, recordó Carlos Álvarez en conversación con Hablemos de Básquet.
Sin embargo, el camino que finalmente lo llevaría a desarrollar gran parte de su vida deportiva en Chile comenzó de una manera completamente inesperada.
“Llega acá por una casualidad. ¿Y sabes quién lo descubre? Lo descubre Rufino Bernedo”, relató Álvarez.
Bernedo, una de las grandes figuras de la historia del básquetbol nacional, se encontraba en Argentina junto a Luis “Lucho” Salvadores y Teodoro Rivera, participando con Las Saetas Verdes en un torneo. Tras sufrir una dura derrota frente a un equipo de la zona de General Roca, surgió la necesidad de buscar un refuerzo.
“El primer partido los agarra el club Regina, ahí en la ciudad de General Roca, y los hace pedazos. Entonces dicen: ‘Oye, tenemos que reforzarnos con alguien’. Y les dicen: ‘Mira, aquí hay un cabro chico que es súper bueno para el básquetbol, fue seleccionado juvenil y todo’”, reconstruyó Álvarez.
Ese joven era Carlos Iglesias.
El primer encuentro: en calzoncillos y a pata pelada
La primera reunión entre Iglesias y quienes terminarían abriéndole las puertas del básquetbol chileno estuvo lejos de cualquier formalidad.
Álvarez conoció el episodio directamente durante las conversaciones realizadas para escribir Iglesias, Bendita Locura.
“Carlos me cuenta una anécdota muy entretenida porque había estado de carrete el sábado y llega Rufino con Lucho Salvadores el domingo en la mañana a buscarlo”, contó.
Iglesias despertó y se encontró con tres desconocidos frente a su casa.
“Me decía: ‘Yo me levanto así y estoy en calzoncillos y a pata pelá. Miro para afuera por la ventana y veo tres señores ahí y me dicen: “Andamos buscando a Iglesias”. Entonces les digo: “No, mi papá no está, anda en Buenos Aires”. Y me dicen: “No, el que juega básquetbol”’”.
No tuvo más alternativa que salir.
“El primer encuentro entre Iglesias, Rufino Bernedo, Lucho Salvadores y Teodoro Rivera fue Carlos Iglesias en calzoncillos ahí en la puerta de la casa. Y encima saltando porque las baldosas estaban calientes. Me decía: ‘Yo lo único que quería era que se fueran’”, recordó entre risas Álvarez.
La conversación fue breve. Necesitaban un refuerzo y él aceptó.
“¿Qué es lo que quieren?. ‘Que nos refuerces’. ‘Ya, okey, yo los refuerzo’. Le empiezan a hablar del tema para pagarle y Carlos responde: ‘No, no me paguen, pero ya, sí, yo los refuerzo’”.
Iglesias lo único que quería en ese momento es que aquellos 3 sujetos se fueran de su casa.
35 puntos que cambiaron una historia
Iglesias terminó jugando con aquel equipo chileno y la impresión que dejó fue inmediata.
“Cuando juega por ellos, hace 35 puntos el cabro. Veinte años, 19, 20 años. Hace 35 puntos en ese partido”, destacó Álvarez.
Su participación no podía continuar porque debía regresar a defender a General Roca, su club. Pero Rufino Bernedo no olvidó lo que había visto.
Cuando regresó a Chile, Bernedo conversó con Gregorio “Yoyo” Santos, quien entonces era jugador y dirigente de Unión Deportiva Española de Temuco.
Álvarez reproduce aquella recomendación como el momento que comienza a conectar definitivamente a Iglesias con Chile:
“Rufino le dice: ‘Oye, si tú quieress dejar de sufrir con la Unión Española, hay una maravilla de jugador ahí al lado, que es un crío. Tráetelo. Se llama Carlos Iglesias’. Y ahí empieza la historia. Así empieza la historia”.
Todavía faltaba, sin embargo, un último detalle.
El dinero que terminó trayéndolo a Chile
Por aquel partido Iglesias no había querido recibir dinero. Pero Teodoro Rivera tuvo un gesto antes de despedirse.
“Como no le iban a pagar, Teodoro Rivera, de buena onda, hace un fajito de billetes, un rulito, y cuando le da la mano de despedida se lo deja. Y le dice: ‘Por si alguna vez quieres ir a visitarnos’”, recordó Álvarez.
Ese pequeño gesto terminaría teniendo consecuencias mucho mayores de las que cualquiera podía imaginar.
“Con esa plata Iglesias se viene a Chile. Entonces ahí parte la historia. Y parte toda la carrera de Carlos Iglesias acá”.
Para Álvarez, quien pudo profundizar en estos recuerdos mientras trabajaba junto a Iglesias en la construcción del libro, su llegada al país terminó trascendiendo largamente lo deportivo.
“La idea no es contar solamente la historia de un cabro chico que se viene de Argentina. Es un cabro chico que tenía 20 años cuando salió de Argentina y que encuentra en Chile su lugar en el mundo, porque esa es la verdad”.
Una derrota en un torneo argentino, la búsqueda urgente de un refuerzo, una visita un domingo por la mañana y un pequeño rollo de billetes entregado casi como agradecimiento terminaron enlazándose para escribir el primer capítulo de una extensa historia entre Carlos Iglesias y el básquetbol chileno.
Puedes ver el recuerdo completo en voz de Carlos Álvarez en el YouTube Oficial de Hablemos de Básquet.




