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El básquetbol universitario chileno merece mucho más | La columna de Rodrigo Espinoza

"Hay situaciones que, después de repetirse durante años, dejan de sorprendernos. Y ese es precisamente uno de los problemas del básquetbol universitario chileno: nos hemos acostumbrado a convivir con irregularidades que no deberían existir en una competencia que tiene un rol fundamental en la formación de nuestros deportistas".

Rodrigo Espinoza · 10 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

El básquetbol universitario chileno merece mucho más | La columna de Rodrigo Espinoza

Hay situaciones que, después de repetirse durante años, dejan de sorprendernos. Y ese es precisamente uno de los problemas del básquetbol universitario chileno: nos hemos acostumbrado a convivir con irregularidades que no deberían existir en una competencia que tiene un rol fundamental en la formación de nuestros deportistas.

Durante aproximadamente diez años he sido director técnico universitario en la Liga Deportiva de Educación Superior (LDES). Y cada vez estoy más convencido de que el básquetbol universitario es el verdadero básquetbol de desarrollo de nuestro país.

Es aquí donde cientos de jóvenes continúan su formación deportiva mientras estudian una carrera, entrenan, compiten y sueñan con llegar a una selección nacional o dar el salto al profesionalismo. Por eso, resulta difícil entender que una liga con este propósito no garantice las condiciones mínimas para competir.

Durante todos estos años me ha tocado presenciar partidos en los que no se cuenta con reloj de posesión de 24 segundos, marcadores adecuados, tableros instalados según las distancias reglamentarias o canchas en condiciones apropiadas. A esto se suman problemas de horarios, falta de información sobre resultados, estadísticas y tablas de posiciones, e incluso dificultades para que familiares y seguidores puedan asistir a ver los partidos.

Lo ocurrido durante las últimas semanas vuelve a encender las alarmas: dos jornadas de las últimas tres se han visto afectadas por suspensiones producto de las lluvias y las goteras en el Polideportivo del Estadio Nacional, donde se disputa gran parte de la competencia en Santiago.

¿Cómo podemos hablar de desarrollo deportivo si ni siquiera garantizamos las condiciones básicas para jugar un partido de básquetbol?

Lo más preocupante es que estamos hablando de una liga formativa y educacional que cuenta con financiamiento público a través del Instituto Nacional de Deportes (IND). Por lo mismo, creo que es legítimo preguntarse cómo se están administrando los recursos, qué estándares se exigen y qué medidas se toman para asegurar que la competencia cumpla con su propósito.

Detrás de cada partido hay estudiantes que se esfuerzan, entrenadores que planifican y universidades que destinan recursos. Hay jugadores que durante cinco, seis o siete años representan a sus instituciones con la ilusión de mejorar y crecer deportivamente. Sin embargo, ese proceso necesita mucho más que talento y entrenamiento: requiere una competencia bien organizada, reglamentos aplicados correctamente e infraestructura adecuada.

Después nos preguntamos por qué cuesta seguir avanzando en el básquetbol chileno. No hay una sola respuesta, pero sería un error ignorar las condiciones en las que se forman nuestros jugadores.

La liga universitaria tiene un enorme potencial y debería ser uno de los pilares del desarrollo deportivo nacional. Para lograrlo, necesitamos revisar las instalaciones, garantizar estándares mínimos de competencia, mejorar la comunicación y la información oficial, y exigir que los recursos destinados al deporte se traduzcan en mejores condiciones para quienes lo practican.

Después de casi una década siendo parte de esta competencia, creo que llegó el momento de dejar de normalizar estas situaciones. No se trata de criticar por criticar, sino de exigir mejoras concretas y poner en el centro a quienes dan sentido a esta liga: los deportistas.

El desarrollo no comienza cuando un jugador llega a una selección nacional o firma un contrato profesional. Comienza mucho antes, en cada entrenamiento, en cada partido y en las condiciones que somos capaces de ofrecerle para aprender y competir.

Nuestros deportistas están haciendo su parte. Es momento de que la organización y las instituciones responsables también hagan la suya. El básquetbol universitario chileno merece mucho más.

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