La columna de Rodrigo Espinoza: Chile crece enfrentando a los mejores
Nuestro conductor reseña el momento la roja masculina adulta
Rodrigo Espinoza · 27 de agosto de 2026 · 3 min de lectura

Los partidos amistosos suelen medirse por el resultado. Sin embargo, encuentros como el que disputó Chile frente a Bahamas entregan mucho más que un marcador. Enfrente estaba una selección físicamente superior, con nombres de nivel NBA y una envergadura que desde el inicio marcaba diferencias. Precisamente por eso, el desafío era tan importante para el equipo de Manuel Córdoba.
Los primeros minutos reflejaron esa realidad. Bahamas dominó los tableros, impuso su físico y registró incluso tres tapas en los primeros ataques chilenos. Pero lejos de desmoronarse, Chile mantuvo la calma, respetó su plan de juego y mostró una fortaleza mental que habla muy bien del trabajo que viene realizando este grupo.
Una vez más, Manu Córdoba demostró valentía y convicción. No solo enfrentó a un rival de primer nivel sin complejos, sino que además siguió apostando por el desarrollo de las nuevas generaciones. Los debuts de Pereira, Lorca y Sarabia fueron una muestra concreta de ello, sumándose también la participación de jugadores jóvenes como Máximo González y la presencia de varios talentos emergentes dentro de la prenómina. Una señal clara de que el trabajo no está puesto únicamente en el presente, sino también en la construcción del futuro del básquetbol chileno.
Chile encontró momentos de muy buen juego. Corrió la cancha, atacó con decisión, generó ventajas desde la penetración y descarga, y mostró distintas variantes ofensivas ante un rival de enorme jerarquía. Más allá del resultado, el rendimiento dejó sensaciones muy positivas de cara a las próximas clasificatorias, comenzando por el desafío que se avecina frente a Estados Unidos.
En lo individual, Sebastián Carrasco volvió a confirmar el gran momento que atraviesa, mientras que Franco Morales aportó su habitual liderazgo. Kevin Rubio también tuvo una actuación destacada, siendo fundamental en ambos costados de la cancha. Su presencia defensiva, intensidad y capacidad para anotar cerca del aro le entregaron equilibrio y energía a un equipo que nunca dejó de competir. Y si hubo una secuencia que resumió el espíritu de esta selección, fue la de Sebastián Suárez: tapa en defensa, carrera a toda velocidad y triple desde la esquina para cerrar una acción memorable.
Todo esto cobra aún más valor al considerar que Chile no contó con varios de sus nombres habituales. Sebastián Herrera, Aitor Pickett, Ignacio Arroyo y Felipe Haase, entre otros, no estuvieron en cancha. Lo que vimos fue una segunda unidad compitiendo de igual a igual ante un rival de primer nivel internacional.
Por eso, más allá del presente, lo que ilusiona es el futuro. Esta selección sigue construyendo identidad, química y profundidad. Y cuando un equipo es capaz de competir así ante rivales de esta categoría, el crecimiento deja de ser una promesa para transformarse en una realidad.
Mención especial también para el ambiente vivido en Santiago. Gimnasio lleno, gran marco de público y una atmósfera que demuestra que el básquetbol chileno sigue generando interés y pasión. Ver a la selección compitiendo de esta manera, en un escenario repleto y con una energía contagiosa, es exactamente el camino que este deporte necesita seguir recorriendo.
Felicitaciones para la selección, para el cuerpo técnico y especialmente para Manu Córdoba. Chile sigue creciendo, y partidos como este son una prueba de que el futuro del básquetbol nacional tiene motivos de sobra para ilusionarse.





